Había una vez un perro llamado Diego, que un día estaba paseando con su dueño y se encontró con un gato, el cuál, todos sus amigos perros le habían hablado de él, sobre lo malo que era y lo mal que trataba a la gente. Y efectivamente, nada más el perro se acercó a él, empezó a tirarse sobre él y a causar una pelea. El perro peleó, pero después, se dio cuenta de que lo que estaban haciendo estaba mal, así que paró la pelea y se puso a hablar con el gato. Cuando terminaron, el perro se fue contento porque había parado su pelea y, además, había concienciado al gato para que dejara de comportarse tan mal con los demás perros. Al final, el gato se hizo amigo de todo el mundo y los perros se lo agradecieron durante toda la vida a Diego.
Había una vez un niño al que le encantaba las pizzas. Tanto era así, que todos lo viernes para cenar se comía una. Además, siempre buscaba nuevas maneras de elaborar pizzas para luego comérselas. El niño ya tenía mucha práctica y era todo un profesional. E ra de esperar que quisiera ser pizzero y tener su propio restaurante. Pero no. Decidió ser ingeniero aeronáutico.
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